La Necesidad De Una Iglesia Refrescante Y Terapéutica En Un Mundo En Conmoción


En la madrugada del martes 7 de Enero de 2020, Puerto Rico fue sacudido por un terremoto de magnitud 6.4. El terremoto de este martes es el más grande en impactar a Puerto Rico desde 2014 cuando un sismo de magnitud 6.4 se produjo a 98 kilómetros al noreste de Puerto Rico. Se estima que los daños ocasionados por el terremoto exceda la cantidad de más de 100 millones de dólares, según un artículo de CNN en español.

Cientos de personas, entre ellos una gran mayoría ancianos, perdieron todo lo que tenían, y por lo cual habían trabajado toda su vida. La ansiedad, incertidumbre, y el temor inundan la vida de miles de puertorriqueños que se encuentran en medio de continuos terremotos más pequeños. Como es normal los seres humanos siempre tratamos de buscar razones que expliquen nuestros males. En el caso particular de Puerto Rico, las razones científicas y geólogas son que la isla de Puerto Rico está ubicada entre dos placas tectónicas de América del Norte y el Caribe que se unen, dejando a la Isla del Cordero apretada entre las dos.

Esta es la explicación razonable y prudente que, aunque no disminuye la ansiedad, ayuda a no aumentarla, especialmente cuando se le atribuyen juicios divinos al sufrimiento de la gente. Para leer un artículo más extenso sobre Dios y el Sufrimiento, oprime aquí.

Nunca falta quien quiere validar su «teología de juicios», «arrepentimiento de pecado» y “si mi pueblo se humillara”, recordando a la gente que su miseria se debe a que “Dios está enojado”, “estas son las señales del tiempo del fin”, “sino se arrepienten de esta lo que viene será peor”, y en fin toda una cantidad de textos bíblicos que en la mayoría de los casos se usan fuera de contextos, como por ejemplo Mateo 24.

Es cruel tratar de explicar u ofrecer las triviales “respuestas cristianas” cuando alguien se encuentra en medio de dolor, pérdida o sufrimiento personal. Es fácil desde la comodidad de nuestra casa, con una taza de café en mano y ajenos del dolor y sin relación con los afectados anunciarles por Facebook, televisión o radio la razón de su sufrimiento. En muchas ocasiones estamos más preocupados por la validación de nuestras doctrinas que llorar con los que lloran y caminar con ellos en su experiencia de sufrimiento.

La pregunta debe ser, ¿Cómo responderemos al sufrimiento?, y si recibimos amor y cuidado de otros en medio de nuestro sufrimiento. El sufrimiento es una oportunidad, no una virtud. La oportunidad que nos presenta el sufrimiento es mostrar la vida de Cristo en nuestra experiencia humana aquí en la tierra, lo cual es la razón por lo cual la creación misma gime – la manifestación de los hijos de Dios. Esta experiencia se hace en compañía de otros, porque no estamos diseñados para cruzar esos desiertos a solas.

Nuestra respuesta al dolor de otros será en proporción a la condición en que nos encontremos; frío, caliente o tibio. Estas son las tres palabras que se registran como parte del mensaje a la iglesia en Laodicea.

La ciudad de Laodicea fue fundada alrededor del año 260 a.C., en el valle del río Lycus, en lo que hoy es Turquía. Era una ciudad bulliciosa conocida por su gran riqueza en medicina, textiles/lana y finanzas. Laodicea era tan rica que cuando sufrió un gran terremoto en el año 60 d.C., rechazaron el apoyo del Imperio y financiaron su propia reconstrucción.

Laodicea lo tenía todo, excepto el agua. Así que construyeron dos acueductos. Uno provenía de las frías aguas de las montañas de Colosas, y el otro de las aguas termales de Hierápolis. Sin embargo, cuando el agua fría y fresca de la montaña de Colosas y las aguas calientes y curativas de Hierápolis fluyeron a través de los acueductos, el agua se había vuelto tibia. Esto nos ofrece el contexto para las imágenes que Juan escribe con respecto a la Iglesia de Laodicea en Apocalipsis 3:14-22.

El mensaje del Espíritu a la iglesia confronta a los ciudadanos de Laodicea en su auto suficiencia por causa de su riqueza. Llegaron a creer que sus bienes y condición privilegiada le ofrecería una ventaja en todo, incluyendo su condición espiritual, pero el Señor los veía como “desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo”. (Verso 17)

Apocalipsis 3:15-16

Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. !!Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.

Las imágenes que crean los textos tratan con el agua fría que es refrescante y el agua caliente que es terapéutica. El problema era que esta iglesia de Laodicea no era ni refrescante ni terapéutica – estaban tibios.

Esta fue la misma condición que encontró Jesús entre los religiosos de su tiempo. Ellos creían que tenían a Dios patentado, eran unos expertos en las Escrituras y su excelencia de vida moral los hacia superior a los demás.

¡Que irónico! Se habían sentido cómodos con todo lo relacionado con sus tradiciones, interpretaciones, prácticas y conocimientos, pero no pudieron reconocer al mismo Mesías que leían en sus sinagogas. A pesar de su prosperidad religiosa, no eran ni refrescantes para los demás (frío) ni sanadores y reconfortantes (caliente).

¿Será posible caer en una condición de tibieza espiritual y no darnos cuenta? ¿Habremos perdido la sensibilidad de ser para otros refrescantes y terapéuticos?

¿Podría ser que a veces, a pesar de todas nuestras grandes doctrinas, prácticas y tradiciones, hayamos perdido sutilmente de vista a Jesús y su misión?

Querer siempre aparecer como que sabemos la respuesta a toda situación, es una evidencia de que amar a Dios y a nuestro prójimo es más un tema para discutir que una experiencia que nos esta transformando. Cuando el amor ha sido reemplazado por explicaciones, estamos tibios.

Esto no elimina la necesidad de una sana teología y una praxis correcta. Pero, si lo que sabemos no nos sensibiliza al dolor y a la miseria humana, estamos intoxicados con mucha letra, lo que indica que estamos tibios.

La invitación es a mantenernos sensibles en la vida del Espíritu. Es aquí donde descubrimos lo que es comprar oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. (verso 18)

Esto te mantendrá caliente y terapéutico, y frío y refrescante en un mundo que necesita desesperadamente BUENAS NOTICIAS.

Cuando el amor ha sido reemplazado por explicaciones, estamos tibios.Haz click para twittear

 

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